Quizá te reconoces en alguna de estas situaciones

Cuando la mente no encuentra descanso

Hay días en los que parece imposible desconectar. La preocupación aparece una y otra vez, cuesta descansar y cualquier pequeña dificultad termina ocupando más espacio del que te gustaría.

Cuando te exiges más de lo que exigirías a nadie

Las dudas, la autocrítica o la sensación de no ser suficiente pueden terminar condicionando muchas decisiones y generar un importante desgaste emocional.

Cuando has perdido el equilibrio

Hay momentos en los que la tristeza, el cansancio o la falta de motivación hacen que todo resulte más pesado. Actividades que antes disfrutabas dejan de tener el mismo significado y cuesta recuperar la energía para afrontar el día a día.

Cuando las relaciones se convierten en una fuente de malestar

Los conflictos frecuentes, la dificultad para poner límites o la sensación de no sentirte comprendido pueden generar un importante desgaste emocional.

Cuando atraviesas una etapa de cambio

Las pérdidas, las rupturas, los cambios laborales o las decisiones importantes pueden hacer que te sientas desorientado o inseguro respecto al camino que quieres seguir.

Cuando crecer también implica afrontar nuevos retos

La adolescencia es una etapa de cambios emocionales, personales y sociales. A veces puede resultar difícil esclarecer lo que está ocurriendo o encontrar una forma adecuada de gestionarlo.

No siempre resulta sencillo definir exactamente lo que sentimos. A veces el malestar aparece como una sensación difusa, una etapa de bloqueo o la impresión de que algo no termina de encajar.

No es necesario identificar una dificultad concreta para iniciar un proceso terapéutico. La terapia también puede ser un espacio para explorar aquello que te preocupa y esclarecer qué está ocurriendo.